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El texto que ofrecemos aquí es el santoral conocido como manuscrito 8 de la Biblioteca de Menéndez Pelayo de Santander. Encuadernado en pergamino juntamente con el manuscrito 9, que es otro flos sanctorum, constituyen un códice facticio, que lleva la signatura M-169 (olim R-I-5-9). Aunque este manuscrito 8 fue datado en el siglo XIV, tanto el tipo de letra como las diversas filigranas que presentan los setenta primeros folios permiten también pensar en una época más tardía, como comienzos del XV (hasta 1425, aproximadamente). La fijación del texto procede de la edición de Fernando Baños Vallejo e Isabel Uría Maqua, La leyenda de los santos (Flos sanctorum del ms. 8 de la Biblioteca de Menéndez Pelayo), Santander, Sociedad Menéndez Pelayo, 2000 (ISBN 84-86993-47-4). No se incluye aquí el prólogo, que está articulado en:
Introducción Tampoco se incluyen las notas a pie de página, que contienen el aparato crítico y otro tipo de informaciones, ni el Índice onomástico y toponímico. En cuanto a los criterios de la edición, viene siendo habitual en las ediciones que no son estrictamente paleográficas regularizar la ortografía del manuscrito para aproximarla a la actual y facilitar así la lectura. Ello implica normalizar las grafías que carezcan de valor fonológico y conservar, claro está, las que sí pudieran tenerlo en el castellano medieval. No obstante, como excepciones a este criterio general, hemos optado por conservar, aunque sean irrelevantes, cuatro rasgos que no causan confusión y en cambio muestran algunos arcaísmos ortográficos del códice: mantenemos qua-: qual, quando; la h en casos como Jhesu Christo; la ph en voces como Josepho; y también la n ante b o p cuando así aparezca en el manuscrito. Por lo demás, simplificamos las consonantes dobles que carecen de valor fonológico, tales como bb, cc, ff, pp, y también rr en posición inicial, así como brr, crr, drr, frr, grr, lrr, nrr, srr y trr. En posición intervocálica transcribimos rr o r según corresponda a cada uno de los fonemas, para lo que se impone una regularización de las grafías, porque con cierta frecuencia hallamos que sobra una r (llorraron) o que falta (carera). Mantenemos, por su pertinencia, ss en posición intervocálica. Conservamos ll incluso en los casos en que es dudosa la palatalidad. Transcribimos la ç como c cuando precede a e, i. Y normalizamos el uso de i, u para los valores vocálicos, frente a j, v para los consonánticos. Acentuamos, puntuamos y separamos las palabras con arreglo a las normas actuales, si bien hay algunas peculiaridades del castellano medieval que implican ciertas diferencias. Así, en lo concerniente a la acentuación, distinguimos con acento diacrítico algunos monosílabos propios de aquella época: á, é, (del verbo haber), só (ser), dó (dar), ý adverbio, ál pronombre, las formas tónicas nós, vós. Por lo que se refiere a las contracciones de palabras, al considerar que los lectores de este texto serán, mayoritariamente, iniciados en la literatura medieval, hemos optado por reproducirlas tal cual, sin marcas ajenas a nuestra escritura (medieval y contemporánea), como el punto volado, que suele emplearse para indicar la división entre el pronombre átono apocopado y la palabra sobre la que se apoya. Así que transcribimos díxol, predicándol, fízol, quel, y no díxo.l, etc. En consecuencia tampoco señalamos con apóstrofo la elisión de una vocal por fonética sintáctica, de modo que editamos della, dél, antel, y no d'ella, etc. Ni indicamos los casos en que no haya quedado vestigio de la preposición a: «acuérdate qué feziste aquel siervo de Dios». Sí advertimos mediante el signo | el punto en que una palabra queda partida entre dos columnas: «Teóphi|lo [1b]». La resolución de abreviaturas se marca mediante letra cursiva, y las letras suplidas van entre corchetes. Respecto a los errores textuales del manuscrito, corregimos únicamente los obvios y que puedan dificultar la comprensión del relato, indicándolo mediante el uso de la letra negrita. Pero al prescindir aquí de las notas a pie de página, se ha eliminado la lección errónea y las referencias a otras copias hermanas que nos han proporcionado las lecciones correctas. Conservamos, sin embargo, aquellas formas dudosas que no sean un error palpable o que, aun siéndolo, no dificulten la lectura, limitándonos a señalarlas con un sic. |
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