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Nuestro Padre Jesús de la Sentencia


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La imagen de Ntro. Padre Jesús de la Sentencia es obra del escultor-imaginero Don José Miguel Tirao Carpio, natural de Torredonjimento (Jaén) y fue donada por Doña María del Tránsito Carral Pérez a la Hermandad de los Estudiantes de Oviedo.Tristemente, nuestra madrina no la pudo ver finalizada en vida, pero seguro que se asoma desde el mejor palco que pueda existir para ver, en la Madrugada del Viernes Santo, al Señor de la Sentencia por las calles de Oviedo. Su Bendición Solemne tuvo lugar el domingo 7 de marzo de 2010, en un acto multitudinario, en la Parroquia de San Francisco Javier de la Tenderina (Oviedo).

Entre la extensa producción de Tirao Carpio podemos citar: Cristo de la Misericordia de Carboneras (Almería), San Juan Evangelista de León, Jesús Resucitado de Torredelcampo (Jaén), Ntro. Padre Jesús Cautivo del Santuario de Ntra. Sra. de la Cabeza de Andújar (Jaén), Jesús de la Caída de Almagro (Ciudad Real), Prendimiento de Guadix (Granada), La Piedad de Carboneras (Almería), Resucitado de Almagro (Ciudad Real), Cristo de la Expiración de Alhendín (Granada), San Juan Evangelista de Jamilena (Jaén), etc. A esto hay que añadir un gran número de figuras secundarias, su excelente labor como restaurador, y junto a su hermano, la realización y diseño de gran número de pasos y tronos.

Esta imagen de Ntro. Padre Jesús de la Sentencia, pertenece un paso de misterio en dónde aparecen otras figuras secundarias (en proceso de ejecución) como Poncio Pilato, miembros de la soldadesca romana o Claudia Prócula, entre otras. En ella se muestra el momento en el que Jesús es sentenciado a muerte. La mestría del escultor queda patente en el hecho de que sin salirse de los cánones escultóricos de Cristo, dentro de la Escuela Andaluza, es capaz de crear un nuevo modelo propio y personal, dónde conjuga el gran dominio técnico con una extrema belleza y fuerza expresiva, mostrando a la perfección el momento narrado en los Santos Evangelios, dónde Jesús de Nazaret es sentenciado a morir en la Cruz ante el clamor de unas gentes que piden su vida. Pese a estar presente la tortura que ha padecido durante la flagelación, su pómulo severamente golpeado o la atroz corona de espinas ceñida a su cabeza, el maestro escultor ha sabido plasmar en esta obra la serenidad redentora del Hijo del Hombre, con una sublime mirada capaz de hundirse en el corazón de quien la contempla.