Cuadro de texto: Equipo de Investigación: 
Arqueología Medieval
Plaza Velarde de Santander

El yacimiento arqueológico de la Plaza Velarde se encuentra situado en la ciudad de Santander, en la plaza que de manera popular se denomina “porticada” y cuya nomenclatura oficial da nombre al yacimiento. La Plaza Velarde se ubica en el centro de la actual ciudad de Santander y es una de sus plazas emblemáticas. Su ubicación se inscribe dentro de lo que se consideraba el recinto amurallado de la villa medieval, aunque hasta el momento no existían evidencias físicas de este amurallamiento en la zona que nos ocupa. El yacimiento arqueológico ocupa 350 m2 de la esquina Sureste del espacio destinado a la plaza, anexo al espacio porticado definido por el actual edificio de la Agencia Tributaria. Las dimensiones del espacio que se ha destinado a la excavación arqueológica suponen un rectángulo de 30 metros de longitud en dirección Norte y 15 metros de anchura en dirección Oeste desde la mencionada esquina de la plaza.

La existencia en la actualidad de una plaza en este espacio no coincide en absoluto con la morfología urbana del área de ubicación del yacimiento en época medieval, dado que toda esta zona se vio profundamente afectada por las remodelaciones que sufrió el urbanismo del centro histórico de Santander tras el incendio acontecido en 1941. En concreto, en el espacio delimitado por el yacimiento arqueológico de la Plaza Velarde se encuentra situado en el espacio que anteriormente ocupaban el tramo de muralla que discurría desde el portillo de Don Gutierre y la Puerta del Mar, el camino de ronda asociado a dicho tramo de muralla, y las traseras de las casa ubicadas en la Calle de Tableros, también en su extremo norte se encontraba la calle que conectaba la Puerta del Mar con la confluencia de las calles de Tableros, de Arcilleros y de Don Ivannes. Además de espacio intramuros que acabamos de describir, se ha podido documentar en este yacimiento una pequeña franja del espacio anexo a la cerca de la villa por su cara externa, es decir, una franja de lo que presumiblemente fue el muelle del Cay y posteriormente las estructuras que daban a la calle de las Herrerías y posterior Plaza de la Aduana.

 

Cronológicamente, la intervención arqueológica en la Plaza Velarde de Santander, nos permite conocer la evolución diacrónica de la villa medieval santanderina, desde los momentos previos a la urbanización del espacio en el que se asienta el yacimiento en los siglos XII y XIII hasta la conformación de su actual fisonomía, con la construcción de la actual plaza a partir de 1942. De este modo se han encontrado evidencias de la ocupación de este espacio con carácter previo a la urbanización de la Puebla Nueva de Santander tras la concesión del fuero en 1187, también del proceso de amurallamiento de la villa y de la conformación de las calles adyacentes a la misma. También nos permite este yacimiento registrar las evidencias materiales de las diferentes remodelaciones que se han sucedido en este espacio desde finales de la Edad Media  y en época Moderna, con cambios de pavimentación de las calles, construcción de infraestructuras diversas para el desalojo de aguas tanto pluviales como procedentes de edificaciones y la adaptación del terreno para la construcción de edificios. También la etapa contemporánea dejará huella material en el yacimiento, con la construcción de canalizaciones y unos aseos públicos que afectarán directamente a la muralla medieval. Por último, la amortización del espacio para la construcción la Plaza Velarde tras el incendio de 1941 sellará el yacimiento y permitirá la conservación de las estructuras que se encontraban en el subsuelo, al ser amortizadas mediante el relleno de esta área. No ocurrirá lo mismo en el resto de la plaza, ya que según avanzamos hacia el Oeste, se procedió, no al relleno con materiales sino al desmonte del terreno, lo que hizo desaparecer cualquier posible vestigio arqueológico.

 

El elemento arqueológico más relevante y de mayor monumentalidad que se hace presente en este yacimiento es la muralla medieval de la villa. Esta muralla, que en su estructuración perteneciente a la Puebla Nueva  tradicionalmente está fechada en torno a finales del Siglo XIII y principios del Siglo XIV , fue derribada para  acometer los ensanches de la ciudad realizados en la segunda mitad del siglo XVIII.

 

La muralla es uno de los elementos definitorios de las villas medievales, es más, podemos considerar que no es concebible una ciudad medieval sin sus murallas. El fenómeno urbano medieval no se puede disociar de la construcción de sus murallas ya que es la existencia de un recinto amurallado la que le otorga a la población la categoría de ciudad, tal y cómo se expresa en las Partidas de Alfonso X . Si bien una muralla es un elemento defensivo y las villas medievales tenían en gran consideración su defensa , no será la función defensiva la única que desempeñen las cercas medievales. Como hemos dicho anteriormente, la muralla es el elemento que define a una ciudad medieval y por tanto una de las funciones de las cercas medievales era la separación del espacio urbano del área rural que lo circunda. De esta manera no sólo se separaban dos maneras de ordenar el territorio, sino que se diferenciaba entre dos estatutos jurídicos diferentes, tal y como se recoge en las cartas fundacionales de las villas, que separan claramente las propias villas de sus términos.

 

En el yacimiento arqueológico de la Plaza Velarde ha sido descubierto un tramo de la muralla de la Puebla Nueva de la Villa. La Puebla Nueva de Santander  surge a partir de la concesión del fuero en 1187 y ya en 1198 encontramos en la documentación  la primera mención a una de sus calles . El rápido aumento de población que propicia la mejora de condiciones que otorga el documento foral hace necesaria la ampliación del espacio urbano de la villa. Para ello se urbaniza el espacio situado al norte de la ría de Becedo intentando prever no solo las necesidades de población existentes en ese momento sino también planificar las necesidades futuras en función del aumento de población en épocas posteriores. Esto lleva consigo que no todo el espacio del nuevo espacio proyectado sea urbanizado y parte de él se dedique a huertas  u otras utilidades. El hecho de que la Puebla Nueva se urbanice tras la concesión del fuero no significa que el espacio que posteriormente sería ocupado por este ensanche medieval no estuviera en uso con anterioridad. La presencia de materiales cerámicos cuya cronología abarca un abanico temporal que comienza con anterioridad al siglo XII  así nos lo sugiere, así como dos de las dataciones radiocarbónicas presentes en el yacimiento . Si bien una de ellas (POZ21137: 1040 - 1240 cal AD) proviene claramente de un estrato que ha sido objeto de movimientos post-deposicionales y por lo tanto se encuentra en posición secundaria, la segunda de estas dataciones ha sido efectuada sobre un fragmento de madera de uno poste hincado en el terreno y que parece formar parte de una estructura compuesta por varios postes (CSIC2099: 980-1180 cal AD). Todo ello nos lleva a pensar en una ocupación del espacio previa a la urbanización del mismo y cuya naturaleza nos es desconocida dados los escasos datos con que contamos para esta etapa.

El fragmento de la cerca medieval que ha sido hallado en este yacimiento sigue una dirección Norte-Sur aproximadamente, tiene 2,02 metros de anchura en su testero y unos 2,30 metros en la base de la zapata de cimentación y en su extremo norte, prácticamente a la altura de la Puerta del Mar, realiza un giro en dirección Noreste. Podemos encontrar paralelos de en otras villas costeras del cantábrico para anchuras parecidas en cercas medievales, por ejemplo en Aviles, con una anchura de 2,20 metros y en Bilbao, con 1,5 metros de ancho. El tramo de muralla conservado tiene una longitud de 21 metros con una altura máxima de resto conservado de 3,50 metros. Se trata de una muralla construida mediante mampostería concertada en hiladas y rocas de mayor tamaño pero escasamente labradas en su cimentación. Fue construida en dos fases, una primera fase de 1,20 metros de anchura y una segunda fase constructiva de 0,80 metros que supone el lienzo Este de la muralla. Hay que dejar constancia también que la muralla se encuentra enlucido en su cara exterior que es la cara Este. No presenta este tramo de muralla ninguna evidencia de deterioro, y no podemos registrar en sus lienzos signos de grietas o reparaciones que se evidencien en sus alzados, especialmente en el alzado Oeste que es el que se puede observar mejor dado que no presenta restos de enlucido. La muralla presenta una oquedad pasante muy próxima a la puerta del mar y justo por encima del nivel de cimentación. Dada la confluencia de aguas en esa zona por acción de la orografía del terreno anterior a los movimientos de tierras efectuados en el siglo XX, es lógico pensar que se trata de un drenaje para evitar el deterioro que pueda sufrir la muralla como efecto de la acción de las aguas. También existe referencia en la documentación sobre la preocupación acerca de los desperfectos que las aguas podían ocasionar en la cerca de la villa.

 

Tal y como hemos dicho anteriormente, se trata un fragmento de muralla que engloba la mayoría del tramo comprendido entre el portillo de Don Gutierre al Sur y la Puerta del Mar al Norte. Si bien las estructuras correspondientes a la puerta del Mar si han sido halladas parcialmente, no podemos decir lo mismo del portillo de Don Guitierre, dado que no hay evidencias suficientes en el yacimiento para poder acreditar su exacta localización, aunque no es aventurado pensar que se hallara en el mismo punto en que la muralla es cortada por la alcantarilla general de la calle e Don Gutierre Este tramo de muralla limitaba por el Oeste con el Camino de Ronda que posteriormente pasaría a denominarse calle de la Red Chiquita, al menos así se atestigua para el tramo próximo a la puerta del Arcillero. Al este, este tramo de cerca se lindaba con el muelle del Cay y posteriormente con la calle Herrerías, en la que se instalarían locales destinados a su uso como fraguas y cerrajerías y se adosaría diversas casas a la propia muralla que serían derribadas a principios del siglo XIX.

 La estratigrafía presente en el sector Oeste de la muralla nos invita a pensar que la construcción de la cerca de la Puebla Nueva de la villa puede ser fechada en un momento posterior a la concesión del fuero de la misma, pero no muy distante del mismo, aproximadamente una centuria . Esto es posible dado que encontramos Unidades Estratigráficas que apoyan en este tramo de muralla y que pueden ser fechadas, por materiales y por dataciones absolutas entre finales del siglo XII e inicios del siglo XIV. En concreto, encontramos materiales cerámicos como ollas de labio exvasado y decoración incisa a peine o en retícula, cerámicas procedentes de alfar de Santillana del Mar incluyendo jarras de boca cuadrada fechadas en el siglo XII, cerámicas procedentes de Saintonge y cuyas producciones han sido fechadas entre 1250 y 1350 d. C. También contamos con una datación radiocarbónica obtenida en el relleno de la zanja de cimentación de la primera fase de la cerca y cuyo arco cronológico nos sitúa en el siglo XIII. Todo ello invita a pensar en un momento de construcción de la muralla situado en torno a la segunda mitad del siglo XIII.

Los últimos trabajos de excavación arqueológica realizados han permitido conocer nuevos restos arqueológicos relacionados con el tramo de la cerca medieval de la Puebla Nueva de Santander comprendido entre el Portillo de don Gutierre y la Puerta del Mar, así como del espacio limítrofe a la cerca formado por el paso de ronda de la misma (posterior calle de la Rúa Chiquita), la calle de Don Gutierre y la cuesta que desde la confluencia de las calles Don Ihovanes y Arcilleros desembocaba en la Puerta del Mar. Estos nuevos restos se suman a los ya conocidos por los trabajos precedentes.

En el caso de la Puerta del Mar, cuya parte sur y enlosado ya fueron documentados en las anteriores campañas de excavación, se ha podido registrar la existencia de dos de los sillares que conformaban la cara norte de la misma. Estos dos elementos son los únicos conservados tras la construcción de la Plaza Velarde en los años 40 del siglo XX. De hecho, los muros de hormigón armado de la galería de drenaje de la delegación de Hacienda apoyan directamente sobre estos sillares y su construcción supuso la destrucción del resto del lado norte de la puerta.

Otro ejemplo de estructuras ya presentes en el yacimiento y cuya documentación ha podido ser ampliada en el transcurso de la campaña de excavación de 2012 es el enlosado  de piedra caliza situado en el sector oeste del yacimiento, entre los afloramientos de roca caliza y el extremo sur de la escollera. Este pavimento está compuesto de losas de piedra caliza formando una rampa con inclinación hacia el este y que se adosa a la cimentación de la cara interna de la cerca (fase1). Sobre este pavimento y amortizándolo al menos en parte, podemos observar la escollera de contención de tierras y drenaje ya registrada en las campañas anteriores. Los trabajos realizados en 2012 han permitido documentar en su totalidad este enlosado, ya descubierto parcialmente con anterioridad y especialmente registrar sus relaciones estratigráficas con el resto de estructuras, lo que nos permite ubicarlo cronológicamente alrededor de la segunda mitad del siglo XIV o el siglo XV.

También se han obtenido diversas evidencias de la ocupación del espacio extramuros de la villa colindante al tramo de muralla presente en el yacimiento, así como de proceso de ensanche de la ciudad producido a finales desde mediados del siglo XVIII y consistente en el relleno de zonas marítimas en las actuales calles General Mola, Hernán Cortés y Marcelino Sanz de Sautuola. Un ejemplo es la atarjea que se adosa a la cara externa de la muralla (fase 2) y que evacúa hacia el este las aguas procedentes del hueco de drenaje existente en la cara interior de la muralla (fase1). Esta atarjea está realcionada con la ocupación del espacio extramuros y las edificaciones que se adosan a la propia muralla.

Dentro de las estructuras arqueológicas más destacables halladas como consecuencia de dichos trabajos y de especial interés para el presente proyecto de intervención arqueológica, se ha podido documentar una rampa pavimentada con grandes losas de arenisca cuya dirección coincide con las calles que discurrían desde la Puerta del Mar hacia el interior de la villa, a la confluencia de las calles del Arcillero y de Don Ihovanes. La estratigrafía infrayacente a dicha rampa, sitúa su construcción en un momento posterior a la segunda mitad del siglo XIII, ya que en uno de los estratos sobre los que se asienta la estructura, la UE 599, se pudo documentar la existencia de materiales cerámicos fechables entre la segunda mitad del siglo XIII y la primera mitad del XIV. Esto sitúa la construcción del enlosado de esta calle en un momento cercano o ligeramente posterior a la construcción de la primera fase de la cerca medieval.