Mario

—Mario, ¿por fin quedamos mañana?

—Ay, sí, perdona, a las 11:30h, vale?

—Genial, un beso

Mario tenía un pelo tan largo que me imaginaba que, cuando pudiera acariciárselo sin aquel nerviosismo adolescente de la primera cita, no haría más que enredarme y acurrucarme entre sus mechones rubios, entre su barba, entre sus labios.

El miércoles antes de que nos dijeran que teníamos que quedarnos en casa, Mario y yo estábamos en un café, nerviosos, mirándonos a los ojos y pensando si aquello tendría sentido o si sería solo un capricho, una metedura de pata.

— ¿Te apetece venir a mi casa?

Y yo, como una tonta, pensé que esta vez iba a ir paso a paso, que todavía no nos conocíamos mucho, que me asustaba nuestra diferencia de edad y que, sobre todo, si iba a su casa me terminaría enamorando de sus ojos azules, de sus pies tan blancos…

—Me encantaría pero hoy no puedo

Lo que yo no sabía es que durante casi dos meses me iba a arrepentir una y otra vez de esa decisión. Lo que yo no me imaginaba es que, para ser el primer “no” que había dicho en mi vida a algo que deseaba tanto, un bicho que andaba por el aire y estaba matando a gente, iba a matar ese amor e iba a dejarlo en unos besos de despedida. Unos besos con lengua tan lejanos que ahora casi no recordaba.

Ana Lamela Rey

Microrrelato MediaLab #7: Mario, de Ana Lamela Rey

Un pequeñajo con aires de realeza

Nadie creía que fuera a venir, pero de un día para otro ya estaba aquí. Se iba a quedar dos semanas y algunos todavía siguen contando los días que lleva con nosotros. Así fue como comenzó su reinado. Creó cárceles en lugares que antes llamábamos casa, mientras que él campa a sus anchas. Y de repente, nos hizo comprender el valor que guardan pequeñas cosas tan cotidianas como un abrazo, un beso o una buena charla al sol. El valor de volver a sentir tu olor.

Ana Giadás

Microrrelato MediaLab #6: Un pequeñajo con aires de realeza, de Ana Giadás

Aquellas cosas que solíamos hacer

Cuando era más joven solo tenía ganas de volver, cada semana, año tras año, todo era maravilloso, todo resultaba entretenido, cada lugar nuevo era un universo nuevo por descubrir, cada persona una oportunidad de sumar un nuevo amigo.

El invierno parecía verano y el verano parecía eterno, el único momento de desasosiego era la llegada de la tarde del domingo cuando tocaba regresar.

Pero a medida que iban pasando los domingos, sin darnos cuenta, el cuento estaba cambiando, poco a poco, en silencio hasta darnos cuentas que volver ya no era tan especial como lo había sido siempre.

Álvaro Sutil González

Microrrelato MediaLab #5: Aquellas cosas que solíamos hacer, de Álvaro Sutil González

Un enemigo invisible

De la noche a la mañana un nuevo mal se acercó sigilosamente apoyada en nuestras costumbres, de persona a persona, de amistad en amistad y de familia en familia se dispersó. Nunca lo vimos venir, avisados estábamos de lo que podía suceder, y lo que pudo ser una pesadilla para muchos, se convirtió en una realidad para todos. Creímos que ese podía ser el fin, pero lo que no sabíamos y que ni él supo predecir, es que ante todo pronóstico, no nos sabemos rendir.

Jesús Alves Pereira

Microrrelato MediaLab #4: Un enemigo invisible, de Jesús Alves Pereira

Cuando el mundo dejó de girar

Son las ocho menos cuarto de la tarde. Todos estamos en nuestras ventanas, observando la soledad de la calle. Los niños ya no juegan, no hay coches, ni gente paseando. Nadie. En un balcón cercano suena Resistiré, un himno que pretende dar un respiro a aquellos que luchan en primera línea contra el escurridizo y silencioso bicho que nos golpea, logrando parar nuestro mundo en todos sus ámbitos. Las ocho, ahora sí, vítores y aplausos por esos valientes, porque un simple gracias se quedaría corto.

Saray Carballo Fernández

Microrrelato MediaLab #3: Cuando el mundo dejó de girar, de Saray Carballo Fernández

Se hizo la noche

Se hizo la noche, y a partir de entonces tardaría en volver a salir el sol. Para algunos, aunque aún no lo sabían, esa sería la última vez que iban a poder disfrutar de él. La soledad invadió las calles, y la amistad, el amor y la diversión se convirtieron en wifi. Las vidas de unos y otros se volvieron tan simples, y a la vez tan complicadas, que hasta las actividades más cotidianas adquirieron una importancia especial. Nadie supo cómo ocurrió, pero todos tenían la sensación de que ya nada volvería a ser como antes.

Fernando Pérez Domínguez

Microrrelato MediaLab #2: Se hizo la noche, de Fernando Pérez Domínguez

Nueva normalidad

Pensábamos que no iba a llegar nunca, pero por fin se respiraba, aunque a través de una mascarilla, un aroma de esperanza. Ya se podían escuchar los pasos de la gente en las aceras o los timbres de las bicis. Iban pasando los días y proporcionalmente disminuía el recuerdo de la monotonía en casa, pero también el de la preocupación, convirtiéndose esto en un arma de doble filo muy peligrosa. “Policía. Desalojen el local, son las cuatro y media de la mañana”, oímos tras abrirse repentinamente la puerta. La nueva normalidad todavía no había llegado a nuestras vidas.

Pablo González Vega

Microrrelato MediaLab #1: Nueva normalidad, de Pablo González Vega

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