Celebrado en Cangas del Narcea del 29 al 31 de julio de 2026 y dirigido por Remedios Menéndez Calvo

Un año más, y ya van ocho, el Derecho del Trabajo nos reunión en el maravilloso lugar del suroccidente asturiano, que es Cangas del Narcea.
Es preciso comenzar haciendo una reflexión sobre este curso, que lleva reuniéndonos ocho años para tratar temas variados, pero con elemento comunes.
A partir de 2022 se consolida una fórmula que se ha mantenido durante cuatro ediciones consecutivas en las que bajo un mismo título: “Cuestiones actuales de derecho del trabajo: retos socioeconómicos y propuestas laborales” hemos ido abordado diferentes temas de interés para los laboralistas y para lo que no son. Esta no fue una elección casual. Me atrevería a decir que responde a una convicción y es que el Derecho del Trabajo solo puede comprenderse plenamente si permanece atento a las transformaciones económicas, tecnológicas y sociales que se producen a su alrededor, pero también si es capaz de ofrecer respuestas y propuestas frente a esos desafíos.
La edición de la que hemos disfrutado este año, Cuestiones actuales de derecho del trabajo: prevención de riesgos laborales, responde a esta idea y además es una prueba clara de que las promesas se cumplen pues el origen de este tema está en el curso de la edición anterior. El título cambia ligeramente para destacar un asunto que hoy debería ocupar un lugar prioritario en la agenda pública, empresarial y académica. Es una manifestación de la misma vocación que ha caracterizado siempre este curso: identificar los problemas más relevantes de cada momento y reflexionar sobre las respuestas que el Derecho del Trabajo puede y debe ofrecer.
Y si algo distingue a este curso desde hace años son tres constantes que constituyen, en cierto modo, su seña de identidad. La primera es su compromiso con la actualidad. Cada edición se construye a partir de los retos que en cada momento están condicionando el mundo del trabajo. Nuestro objetivo no es únicamente estudiar instituciones jurídicas, sino analizar problemas reales y comprender cómo las transformaciones sociales, económicas y tecnológicas están redefiniendo las relaciones laborales.
Y si ahora os pregunto: ¿Qué habéis estado haciendo las tardes de los viernes de la última o la penúltima semana de julio de los últimos 8 años? Yo os lo digo: habéis estado reflexionando sobre igualdad y sobre las cuestiones que preocupan a los operadores jurídicos en materia de protección social. Y es que aquí tenemos una de las otras dos contantes de este curso: la organización en la tarde del viernes de una mesa dedicada a la igualdad y la diversidad porque, aunque este principio atraviesa transversalmente todas las sesiones, siempre se ha reservado un espacio propio para su análisis detallado, lo que también dice mucho de la especial sensibilidad de la dirección académica de este curso; la tercera constante es la participación de los agentes sociales y los operadores jurídicos, cuya presencia es imprescindible porque nos permite conectar la reflexión académica con la realidad práctica. Gracias a ellos tomamos el pulso a aquello que ocupa y preocupa a personas trabajadoras, empresas, organizaciones sindicales, administraciones y profesionales del Derecho. Nos ayudan a identificar los problemas emergentes y, sobre todo, a comprender cuál debe ser nuestro papel como investigadores, docentes y profesionales comprometidos con la mejora del sistema de relaciones laborales.
Precisamente por eso el curso no se limita a diagnosticar los retos existentes y mantiene una clara vocación propositiva. De ahí que, desde 2022, la referencia a las «propuestas laborales» haya sido una parte esencial de su identidad porque entender los problemas es imprescindible, pero contribuir a la construcción de soluciones es una responsabilidad que el ámbito académico no puede eludir.
En esta edición esa vocación resulta especialmente pertinente. Situar la salud laboral en el centro significa reconocer que la protección de la seguridad y la salud de las personas trabajadoras constituye hoy una cuestión estratégica vinculada a desafíos tan diversos como la salud mental, el envejecimiento de la población trabajadora, los riesgos derivados de la digitalización, la transición ecológica o las nuevas formas de organización del trabajo.
Y así comenzaba la conferencia inaugural de la profesora María Torres Lacomba: “poniendo a la persona en el centro”. Su conferencia fue una clara apuesta por la necesidad de ampliar la mirada y por primera vez se inauguró el curso con una perspectiva que, en principio, puede parecer alejada de la nuestra; sin embargo, en cuanto comenzamos a escucharla vimos la necesidad de esa ampliación de enfoque. Me atrevería a decir que María puso los puntos sobre las íes cuando nos referimos a la prevención de riesgos y cómo articularla, porque ciertamente es un derecho, se menciona en documentos y en discursos grandilocuentes, pero queridos colegas, hay que remangarse y concretar cómo convertirla en verdadera protección.

María nos recordó ideas que, tal vez por obvias, se están olvidando y dejando de lado cuando se planifica la prevención y hay que volver a ponerlas encima de la mesa, en el centro del debate. Ella tiene claro el modelo y los principios de articulación. Hagámoslo realidad. El contexto laboral está en transformación, los procesos de salud son específicos, las personas son diferentes y enferman de manera diferente; por eso, la profesora Torres reivindica que “la prevención debe adaptarse a las personas porque las personas cambian a lo largo de su vida laboral”. Las necesidades no son las mismas para hombres y para mujeres y “si las necesidades cambian a lo largo de la vida laboral, la prevención también debe hacerlo”.
La profesora Torres lo tiene claro: para avanzar hacia una prevención en igualdad es preciso, como mínimo, diseñar un modelo preventivo que gire en torno a la capacidad funcional, incluir las perspectivas de sexo y género en la prevención, reconocer los procesos de salud de las mujeres y mantener un enfoque interdisciplinar porque una prevención que reconoce las diferencias es una prevención que se adapta a las necesidades reales y pone a las personas en el centro, es una prevención más justa, eficaz y humana y es la que genera equidad.
Y convencidos de la necesidad de ese modelo preventivo y con esas ideas tan claras, el miércoles nos adentramos en la segunda sesión del curso a cargo de la profesora Argüelles Blanco que nos dio un baño de realidad. En su ponencia titulada La gobernanza colectiva de la seguridad y salud en el trabajo hizo un recorrido por la negociación colectiva sectorial estatal de los últimos dos años y nos dejó un sabor agridulce entre la existencia de una tendencia a la transformación, una ligera mejoría y varios déficits sobre los que hay que seguir trabajando.
Y es que en palabras de Ana Rosa “la gobernanza colectiva de la seguridad y salud en el trabajo significa pasar de una lógica exclusivamente normativa a una lógica de gestión colectiva de la prevención y para ello es necesario construir una infraestructura preventiva que no pertenece exclusivamente a la Administración ni a los empleadores, es una construcción que debería ser compartida entre las organizaciones empresariales y sindicales”.


“¿En qué se centra el modelo con el que contamos?”, se preguntaba la profesora Argüelles y ella misma daba la respuesta: “el modelo con el que contamos concibe la prevención de los riesgos laborales exclusivamente desde el cumplimiento normativo”. No obstante, paralelamente, se está observando cómo de manera incipiente empieza a abrirse paso otra forma de concebir la prevención y en esa nueva forma adquieren creciente importancia tres elementos que ella destacó: la cooperación, la corresponsabilidad y la participación de los interlocutores sociales.
Estas reflexiones, como siempre hace la profesora Argüelles en sus exposiciones, se obtienen de un análisis riguroso de la realidad. Ana Rosa nos trajo pruebas, un análisis de convenios de los últimos años del que se concluye que: un elevado número de convenios colectivos sectoriales ya se están ocupando de esa infraestructura necesaria para conseguir el cambio y que consiste en la creación de comisiones paritarias específicas de seguridad y salud en el trabajo, que cuentan con su propia composición y con competencias permanentes, que se añaden, no sustituyen, a las de los delegados o comités de seguridad y salud existentes en las empresas. En otras palabras: el primer pilar de esta construcción ya está colocado: “mecanismos estables de funcionamiento” que han de operar junto con los órganos a nivel de empresa, y potenciar el fomento de la cultura preventiva entre todos los sujetos de las relaciones laborales, lo que, entre otras actuaciones, conlleva incorporar en el sistema preventivo los nuevos riesgos y los colectivos vulnerables y desempeñar una función evaluadora que analice los resultados de los programas preventivos, detecte los déficits y oriente la mejora continua.
Finalmente, la profesora Argüelles nos recordó que “la negociación colectiva nació para regular el trabajo, pero está llamada a gobernar su transformación”.
Y tras esta primera sesión del curso y con muchas ganas de seguir debatiendo nos fuimos a la espicha de bienvenida.
El jueves, 30 de julio, comenzó la segunda jornada del curso, después de disfrutar del paisaje, de la miel y de una magnífica muestra de lo que es el trabajo duro, apasionado y pegado a la tierra. Y con todas las enseñanzas que nos llevamos de Celia del Río volvimos al aula. ¿Y quién nos esperaba allí?

La profesora Carolina Gala que empezó fuerte con una sesión sobre “la prevención de riesgos ante la disrupción tecnológica” y lo hizo, además, confesando que afrontaba el tema desde “el planteamiento de dudas y problemas”. La profesora Gala desde el rigor y la prudencia que le caracteriza comenzó, nada más y nada menos, que cuestionando el concepto de accidente de trabajo: ¿Nos sirve ese concepto cuando teletrabajamos?


Se preguntaba también ¿quiénes se está ocupando de la regulación de la prevención de riesgos en los casos de teletrabajo? Y ahí sí nos ofreció una respuesta: tanto a nivel europeo, estatal, autonómico e incluso local, hay regulación; si bien, tras un análisis detallado, concluyó que no siempre es la más completa, no está exenta de problemas interpretativos y sobre todo los niveles de desarrollo son muy diferentes.
Y a eso de las 16:45 y para activarnos un poco más nos lanzaba una pregunta difícil: ¿cómo protegernos de nosotros mismos cuando queremos teletrabajar y estamos dispuestos a afirmar que las condiciones de trabajo de nuestro domicilio cumplen las medidas de prevención de riesgos?
Y es que nos hemos llevado el trabajo a casa, el legislador ha introducido la normativa en nuestros domicilios con todo lo que ello supone, pero los estructuras no encajan, y una clara prueba de ello es que el concepto de accidente de trabajo no se adapta al teletrabajo, concluyó. Por ese motivo, Carolina se preguntaba también qué había que hacer. La ponente nos dio una respuesta en la que abogaba por una normativa de prevención de riesgos que trate de forma específica el teletrabajo, lo que supone, a su juicio, centrar el foco en el análisis de las limitaciones, de los colectivos que pueden teletrabajar y, sobre todo, en el concepto de accidente de trabajo porque tal vez ya no siguen siendo válidos los parámetros tiempo y lugar de trabajo, tal y como los hemos interpretado hasta ahora, para su determinación.
Y tras situarnos en este escenario de debate abordó otro mundo aún más complejo, desconocido y lleno de retos: la prevención de riesgos y la digitalización, que no es brujería, como ella misma dijo, es tecnología, es avance de la ciencia que nos hará más productivos, pero nos sitúa en un escenario lleno de riesgos de diversa índole. Carolina mencionaba, entre otros, la tecnofobia, la tecnofatiga o la tecnofrustración, colocó en la balanza los aspectos positivos y los negativos tratando de buscar el equilibrio, equilibrio que debe pasar al papel, y una vez más hizo una llamada al legislador: “una nueva ley sobre prevención de riesgos es necesaria y en ella debe tratarse de manera específica el teletrabajo y la digitalización”. Muchos de los retos que estos dos fenómenos plantean ya están identificados. Ahora solo queda ponerse a ello, en palabras de la profesora Gala: “trabajo hay bastante ahora hay que hacerlo y ver quién lo hace”.
Y con la libreta de deberes en aumento llegamos a la segunda sesión de la tarde del jueves, muestra clara de lo que dije al principio, estamos en un curso pegado a la realidad y a las necesidades actuales de la sociedad. Las profesoras Encarnación Gil, Maravillas Espín y Virginia Hernanz reflexionaron sobre los efectos de las altas temperaturas en la seguridad y salud de las personas trabajadoras.

La profesora Gil con un gran nivel de detalle nos explicó el contexto que muestra el impacto del calor excesivo en el trabajo y se preguntaba si se están tomando suficientes medidas. Nos proporcionó los datos: España se calienta, las situaciones de estrés térmico están ahí, el calor afecta a las personas que trabajamos y, muy importante y obvio, no lo hace igual en según qué trabajos y tampoco afecta igual a cada persona, pues también depende de la fase de la vida laboral en la que se encuentre cada uno.
¿Qué nos ofreció esta mesa? Nuevas situaciones, nuevos riesgos, nuevas medidas preventivas.
Ciertamente todo parece nuevo, pero la profesora Gil, con la calma que le caracteriza, colocó un ápice de optimismo en el escenario, por cierto, calificado como apocalíptico por la moderadora de la mesa, y defendió a la hora de buscar soluciones aprender de quiénes saben, de las personas trabajadoras que sufren esos riegos. Es preciso escucharlas, emplear el sentido común y, lo más importante, implementar medidas que ya están inventadas porque la clave está en la verdadera implementación y la eficacia del cumplimiento, nos recordaba.
Y cuando hablamos de nuevos riesgos ante el cambio climático no podemos eludir los psicosociales y la profesora Espín se encargó de que no lo hiciéramos. Los riesgos psicosociales ante el cambio climático son riegos emergentes en el doble sentido de la palabra, nos decía, porque están emergiendo, son novedosos y además requieren una respuesta urgente, que creo se va a hacer esperar, porque como Maravillas denunció, ni siquiera la OIT, que siempre se sitúa en la vanguardia de los análisis, ha conectado cambio climático y riesgos psicosociales, aunque sí ha elaborado dos informes en los que realiza un análisis de estos temas por separado.
La profesora Espín defiende a este respecto un enfoque integral en el que se interconecten los factores de riesgo que han de integrar, claro está, los psicosociales, si lo que se quiere es alcanzar una protección eficaz y “hay que hacerlo porque hay mucho en juego: lo primero las personas, lo segundo la productividad”. Así pues, enfoque integral y adaptativo, lo que una vez más nos conectó con la lección inaugural de este curso.
Ahora bien, para hacer todo esto y adoptar políticas públicas eficaces necesitamos un diagnóstico real y adecuado de la situación y para eso necesitamos datos. La profesora Herranz ha sido muy clara y contundente: “en España en esta materia el legislador ha ido por delante”; se ha reconocido jurídicamente el riesgo climático en el trabajo, pero no se dispone de estadísticas adecuadas que permitan medir su impacto sobre el empleo porque “datos hay, pero están desconectados. Solo se ve la punta del iceberg y lo que queda por debajo y no vemos es lo que supone el mayor coste económico”.
Nadie se ha preocupado de enlazar datos. No hay una idea clara de cómo medir el impacto climático y ante estas revelaciones la pregunta obligada es: ¿cuál es la situación? ¿Acaso no se está haciendo nada? Virginia desveló que, se están haciendo algunas cosas, pero a nivel macroeconómico y lo que se necesita es el desarrollo de indicadores que integren la información climática, ambiental y laboral. Esto es imprescindible para cuantificar el impacto del cambio climático sobre el mercado de trabajo y evaluar las políticas de adaptación y, por ahora, eso: “no lo tenemos”
Y así, con una sensación de incomodidad por lo que no tenemos y que vamos a considerar una buena noticia porque ser conscientes de ello debería provocar un cambio, se inició un acalorado debate que nos llevó a preguntarnos por la legalidad de las huelgas climáticas y la necesidad de no perder de vista los principios y los valores en materia preventiva, que, aunque se enmarquen en una Ley de 1995 que ha sido calificada de obsoleta en varias ocasiones a lo largo de este curso, siguen siendo válidos y, al menos por ahora, son los mimbres con los que hemos de trabajar.
Finalizamos el día con otra muestra de amor por la tierra visitando una viña donde Nilo y Joaquín nos trasmitieron con pruebas lo que el cambio climático supone para su viña, la forma de trabajarla y las dificultades de una viticultura, que, por algo, se califica como heroica.
El viernes 31, la visita a Muniellos, con su paisaje, su aroma, la humedad y esa sensación de frío en pleno julio que lo hace único, nos preparó para la última tarde del curso

Comenzamos con la mesa sobre Prevención de riesgos laborales: igualdad y sostenibilidad, en la que la profesora Maneiro se centró en un colectivo especialmente olvidado, las mujeres menopáusicas, a las que generalmente nadie quiere ver y lo que no se ve no se mide y lo que no se mide no se corrige.

Yolanda recordó que una prevención igualitaria no es necesariamente una prevención igual para todos y en la línea de nuestra conferenciante inaugural nos recordó que una protección eficaz no consiste solo en evitar daños sino en preguntarnos si las condiciones de trabajo son justas, inclusivas y sostenibles para todas las personas trabajadoras. Asimismo, se preguntaba si estamos ante un nuevo factor de discriminación. Entre las propuestas de intervención que sugirió destacan la inclusión de este colectivo en los planes de igualdad, la adaptación del trabajo y la utilización del teletrabajo.
También se preguntó si es este un tema que preocupe a la Comisión Europea y, aunque la Comisión afirme que así es, lo cierto es que no se están dando pasos que respalden esa afirmación. Y por esto y ante esa aparente inexistencia de interés Yolanda nos recordó que “el trabajo decente es atender a todos y no solo a la mayoría”.
En esta mesa también se abordó el papel de los protocolos climáticos, el profesor Pérez del Prado sin aportar datos en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, dio visibilidad a los recién llegados protocolos climáticos y nos ofreció doce propuestas, de las caben destacar dos, relativas a cómo han de ser dichos protocolos. En palabras de Daniel, los protocolos han de ser integrales y lo más completos posible en cuanto a escenarios de riesgo climático y, además, han de precisar los mecanismos internos de activación de las medidas previstas.
Y finalizamos la mesa con la intervención de la profesora Muñoz, que en esta línea de ampliación de la mirada nos acercó al proceso oncológico, cómo se sufre, qué consecuencias tiene y cómo puede compatibilizarse con el trabajo porque, afortunadamente, ya no se lucha solo por sobrevivir. Se ha producido un importante incremento del nivel de supervivencia y por tanto es el momento de preocuparnos de otras cosas, de la comodidad en los procesos y “de ver cómo volver a la vida”.
A este respecto, destacan las aportaciones de sus proyectos de investigación en el marco de la cátedra de prevención de riesgos en la que trabaja. Silvia insistió en la importancia que tiene escuchar a las personas que sufren los procesos y de cara a la vuelta al trabajo destacó la necesidad de adaptar o reducir la jornada, facilitar el teletrabajo, planificar pausas programadas y facilitar la incorporación progresiva al trabajo para favorecer un empleo sostenible.
Y pusimos broche de oro a este curso en la tarde del viernes con la mesa titulada Desde la práctica: retos y metas en materia de seguridad y salud en el trabajo, en la que Fernando Pintueles, representante del Colegio de Graduados Sociales de Asturias, Ignacio García, representante de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), Marino Fernández representante del sindicato UGT-Asturias y Mario Izquierdo del Banco de España coincidieron en la necesidad de un enfoque preventivo integral e interdisciplinar, el fomento de la cultura preventiva y la necesidad de una buenas estructuras que permitan la gobernanza de la prevención para alcanzar una protección eficaz. Por último, en una línea de exposición presidida por el espíritu de diálogo, los cuatro intervinientes en la mesa insistieron en la necesidad de abordar “el absentismo” tras la realización de un diagnóstico adecuado, basado en un análisis de los datos ausente de prejuicios, y una aproximación a su estudio desde el respeto en la que no se pierda de vista que se trata de un “fenómeno pluricausal”.

Y así, constatando que “la práctica” y “la teoría” están alineadas, observamos que queda mucho por hacer para alcanzar una protección eficaz.

En Cangas del Narcea, a 31 de julio de 2026.
Ángeles Ceinos Suárez













